Cuidados del ajolote mejicano


El ajolote (Ambystoma mexicanum) es un anfibio fascinante. Una de sus características más llamativas es que mantiene ciertos caracteres larvarios a lo largo de toda su vida. Es decir, que a pesar de llegar a ser adulto, nunca deja de ser renacuajo del todo. Algo así como el síndrome de Peter Pan anfibio. Este proceso de permanecer en fase larvaria a pesar de llegar a la madurez sexual se llama neotenia y tan solo 5 de las 43 especies del género Ambystoma lo presentan.

Además es llamativo que los ajolotes tienen una increíble capacidad de regenerar órganos y tejidos. Incluso son capaces de regenerar por completo una pata perdida. Y a la vez parecen poseer una resistencia natural a desarrollar cáncer.

Origen y hábitat natural


El ajolote es originario de América. ¡Su origen evolutivo data de hace más de 400 millones años!

Actualmente hay ajolotes en estado salvaje en las aguas del valle de México donde se conocen como animal mítológico en la cultura popular mexicana desde la época prehispánica. Lamentablemente en sus hábitat natural están en peligro de extinción debido a la polución y el calentamiento de las aguas que habitan. En la Union Europea únicamente está permitida la tenencia de animales criados en cautividad.

Algunos datos rápidos

• En su hábitat natural están en peligro de extinción
• Pueden vivir más de 20 años
• Necesitan un acuario amplio y con agua refrigerada a 15-18ºC (temperatura máxima tolerada 22ºC)
• Muy sensibles a deficiente calidad del agua
• No deben completar la metamorfosis, podrían morir
• Comen variedad de invertebrados y también pequeños peces

Aspecto y fisiología


Los ajolotes poseen un aspecto muy característico. Básicamente se trata de un gran renacuajo a medio camino de convertirse en una especie de salamandra. toda la vida sus 3 pares de grandes branquias plumosas que se disponen a los lados de su cuello. Tienen una curiosa expresión que parece permanentemente sonriente. Los adultos suelen medir unos 20 cm de largo, aunque algunos ejemplares pueden alcanzar los 30 cm.

Su piel es muy lisa y cubierta de un moco protector. El color original del ajolote varía en tonos de marrones y grises, generalmente con un suave moteado más oscuro y con las branquias de color púrpura oscuro. En cautividad no es infrecuente encontrar nuevos colores producto de mutaciones. Así existen ejemplares albinos, leucísticos o dorados, entre otras variantes.

Los ajolotes pueden ser maduros sexualmente a partir de los 6 meses, aunque la mayoría alcanzan la pubertad hacia el año o año y medio de vida. Los machos y las hembras se distinguen bien cuando alcanzan cierto tamaño. Los machos presentan unos abultamientos característicos en la base de la cola detrás de la cloaca. Estos abultamientos son almacenes de esperma y son más visibles durante la época de reproducción. Las hembras no presentan estos abultamientos y suelen tener los cuerpos más rechonchos. El cortejo de los ajolotes incluye lenguaje corporal y comunicación química mediante feromonas secretadas en la cloaca de los machos. La época de cría comienza a finales de invierno. En el hemisferio norte se da entre febrero y abril.

A pesar de clasificarse dentro del Clase Anfibios, el ajolote es un animal totalmente acuático. Tiene unos pulmones rudimentarios que puede llegar a usar para respirar aire en caso de necesidad, pero son pulmones demasiado primitivos para poder respirar solo con ellos. Por este motivo necesitan sus branquias para extraer oxígeno del agua. Esta es la razón de que la mayoría de los ajolotes que se ven forzados a completar la metamorfosis a fase terrestre y pierden sus branquias están condenado a morir en poco tiempo.

Son animales longevos que en cautividad pueden vivir más de 20 años. Un tema importante a plantearse antes de comprometerse a cuidar de uno.

Alojamiento: ¡un acuario de calidad!


Un error muy común, y que suele derivar en la muerte temprana de los ajolotes, es la creencia de que no necesitan demasiados cuidados. Si bien es cierto que se trata de un animal resistente y poco propenso a enfermar, es muy importante disponer de un acuario bien montado. El acuario debe disponer de un buen filtro (que incluya filtrado mecánico, químico y biológico), aireador y refrigerador (los ajolotes necesitan agua fría para estar sanos y vivir con bienestar).

El acuario debe ser amplio (a los ajolotes les gusta de vez en cuando pasear parsimoniosamente por toda la superficie disponible) con múltiples escondites y preferiblemente muy plantado con plantas vivas. Se requieren un mínimo de 40-50 l de agua por cada ejemplar. El aireador (bomba de aire) es necesario para mantener una cantidad de oxígeno adecuada para que el ajolote pueda respirar cómodamente con sus branquias. Las plantas vivas también liberan oxígeno y ayudan en este sentido.

El refrigerador es probablemente el elemento más costoso de un acuario para ajolotes, pero es el más importante. Los ajolotes necesitan agua fresca a unos 15-18ºC. Si el agua está a temperaturas mayores estos anfibios se ven predispuestos a infecciones y además corremos el riesgo de que completen la metamorfosis saliendo a la superficie y muriendo poco tiempo después. El peligro es mayor en verano cuando las altas temperaturas del aire pueden suponer que el agua del acuario se ponga a más de 25ºC. Está más que probado que métodos más rudimentarios de refrigeración como sumergir botellas de agua congelada, aireadores y ventiladores no consiguen el efecto de refrigeración adecuado.

Un buen filtro es indispensable para mantener una calidad del agua y evitar acumulación de sustancias nocivas como amoniaco y nitritos. Asegúrate de que la potencia del filtro es suficiente para el tamaño del acuario. Igual de indispensable es la limpieza y tareas de mantenimiento del acuario para eliminar los deshechos y excrementos. Es importante disponer el filtro de tal manera que no cree una corriente demasiado fuerte.

Las plantas vivas ayudan a controlar el nivel de nitratos y a oxigenar el agua. Además sirven de escondite. Una planta sencilla y fácil de mantener y que se adapta bien a temperatura de agua de 18-19ºC es el helecho de Java (Microsorum pteropus). Tambien las bolas de musgo (Cladophora aegagrophila) se dan bien y son buenas oxigenantes.

Los ajolotes se alimentan succionando con fuerza la comida. El sustrato del acuario debe consistir en piedras los suficientemente grandes para que no puedan ser tragadas accidentalmente o bien un sustrato arenoso ligero lo suficientemente fino para que en caso de ser ingerido no suponga un riesgo para la salud.
  • pH óptimo: 6.5-8
  • Temperatura: adultos 15-18ºC todo el año; importante que no pase de 22ºC. Las crías recién nacidas requieren una temperatura del agua entre 22 y 24ºC y se recomienda que no pase de 25ºC. Las temperaturas deben disminuirse progresivamente para las crías más grandes (a razón de 1ºC cada 2-3 días)
  • Cloro: 0 mg/l (ppm). Es necesario usar declorantes adecuados que eliminen el cloro y las cloraminas. El cloro es tóxico tanto para los ajolotes como para las bacterias nitrificantes (indispensables para el filtrado biológico correcto).
  • Dureza del agua: se recomienda que no exceda 150mg/l de carbonato cálcico. GH 6-16ºdh. KH 3-10ºdh.
  • Salinidad: agua dulce. No toleran salinidad por encima del 5%. Densidad relativa 1.000
  • Amoniaco/amonio: 0 (no superior a 0,1 mg/l (ppm)). ¡Muy tóxico! Debe ser indetectable en un acuario bien ciclado y con mantenimiento correcto de filtro.
  • Nitritos: no superior a 1 mg/l (ppm). ¡Muy tóxicos! Debe ser indetectable en un acuario bien ciclado y con mantenimiento correcto de filtro.
  • Nitratos: se recomienda no superar 20 ppm
  • Oxígeno disuelto: no inferior al 80%
  • CO2 (dióxido de carbono): no superior a 5 mg/l. Es preferible no usar suplementación de dióxido de carbono en acuarios para ajolotes. Las plantas se darán muy bien sin él.

Alimentación


Los ajolotes son predadores. En la naturaleza consumen todo una variedad de presas como copépodos, larvas de insectos, pequeños peces y crustáceos.

En cautividad también debemos ofrecerles una dieta variada. Aceptan gran cantidad de invertebrados en su dieta y cuando son más grandes, pueden también comer pequeños peces. Una opción buena y exenta de riesgos sanitarios es usar comida congelada. Para ajolotes jóvenes podemos recurrir a comida congelada para peces de agua dulce (larva roja o larva de mosquito, daphnia, artemia o tubifex). Para ejemplares de mayor tamaño podemos recurrir a peces poco grasos como pejerrey que se venden congelados en tiendas de comida congelada (para personas). Es importante utilizar pequeños peces que el ajolote puede consumir enteros (o troceados) con piel, esqueleto y vísceras. No se deben utilizar peces grasos o con espinas muy duras (boquerones, sardinas, etc).

No se debe alimentar a ajolotes con filetes de pescado ya que la dieta resultaría incompleta. Por la misma razón no debemos alimentarlos con carne.

Muchos ajolotes también aceptan insectos como cucarachas, grillos, larvas de Galleria mellonella, lombrices de tierra, tenebrios o zophobas. La presa viva siempre supone cierto riesgo de transmisión de parásitos e infecciones.

Por último, se puede optar por alimentarlos con peces vivos como guppy, Endler o similares. No obstante, es una opción que suele dar pena a muchos propietarios y además es más cara.

Los ajolotes recién nacidos son más bien herbívoros en sus primeras 24-48 horas. En las primeras horas de vida las larvas de ajolote todavía se alimentan de restos de vitelo pero rápidamente necesitarán microalgas como la espirulina para poder sobrevivir. A partir de 24 horas debemos ofrecerles invertebrados vivos de no más de 3 mm como Daphnia (pulga de agua). También podemos usar nauplios de Artemia salinapero es más engorroso ya que, a diferencia de Daphnia, debe ser filtrada y lavada para evitar el exceso de sal. A partir de 48 horas se ofrecen otras opciones como tubifex pequeños. Más adelante se introduce paulatinamente alimento congelado y de tamaño mayor hasta constatar que lo comen.

Compañeros de acuario


Un par de ajolotes pueden convivir bien si el acuario es suficientemente amplio. Se necesitan unos 50 l y 0,5 m2 de área de fondo por ejemplar y varios escondites

En cuanto a los peces como compañeros de acuario hay que tener mucho cuidado. Siempre hay tentación de meter peces en el tanque para darle más vida y que luzca más bonito. Pero recordemos que el ajolote es un predador por naturaleza, por lo que es muy probable que ataque a los peces y se los coma. Por otro lado, algunos peces pueden mordisquear al ajolote, especialmente sus branquias lo cual puede resultar muy peligroso para el anfibio. Los endler (Poecilia wingei) son peces bonitos e inofensivos que suelen convivir bien con el ajolote. También son muy rápidos lo que hace que sea más difícil para el anfibio capturarlos. Quizá sean la mejor opción. No obstante hay ajolotes muy eficaces a la hora de cazar que acaban rápidamente con cualquier compañero con escamas.

Metamorfosis


Como se ha mencionado antes, los ajolotes pueden llegar a completar la transformación a salamandra en algunas ocasiones. No obstante, es un proceso muy estresante y su vida en fase terrestre es muy corta. Por lo que no es en absoluto deseable.

Hospital de anfibios y peces


En el Centro Veterinario Los Sauces somos veterinarios especialistas en animales exóticos y tenemos amplia experiencia tanto en el mantenimiento como en medicina de ajolotes. Disponemos de instalaciones de hospitalización para anfibios y peces. Si tienes alguna duda o tu ajolote está enfermo, contáctanos llamando al 91 445 43 05.

Signos comunes de enfermedad:

  • Inactividad
  • Falta de apetito
  • Apetito aberrante, intentos reiterados de ingerir objetos no comestibles
  • Exceso de moco en la piel o branquias
  • Flotación anormal o pérdidas de equilibrio
  • Lesiones en la piel (heridas, hematomas, manchas, ampollas, bultos, abscesos, etc.)
  • Boquear o tragar cuando no está comiendo
  • No poder cerrar la boca
  • Rascarse/frotarse contra sustrato u objetos en el acuario
  • Subir en busca de aire (respiración pulmonar)
  • Disminución del tamaño de las branquias
  • Ojos opacos o asimétricos
  • Cese del crecimiento

Autores: María Ardiaca García y Andrés Montesinos Barceló